Bukowski

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La
infección
es
lo
que
cuenta.

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Cantar por los que ya no cantan

Cantar por los que ya no cantan

  Preludio

Me pregunto si Clarín canta en este invierno gris, frío como el abrazo de una traición en puerta, vendaval de augurios y pesares. Si aún se derraman en oro sus plumas, si las montañas se sienten movidas por su canto. Me pregunto si volveré a escucharlo. Si volverá algún día, si mis lágrimas dejarán de recordarlo. Si aún canta erguido sobre los hombres abyectos, los sin rostro. Si supo alguna vez que cantaba, lo que era cantar. Porque se está feliz, porque se está triste. Cantar porque te cortaron las alas, las piernas, las manos. Cantar aunque te corten la lengua, aunque tu voz sea ahora un grotesco gorgoteo. Cantar que te han cortado la lengua, cantar porque te la cortaron. Cantar porque se la han cortado a otro. Cantar porque ese otro ya no puede hacerlo. Cantar por los que ya se fueron, cantar por los que quedamos, cantar por los que queremos irnos.

Vayámonos pues, pero cantando.

 

Antes de que abras los ojos: Catástrofe

I

Huían las sombras

gritaban al horrísono

dicen que escapaban de sus cuerpos.

 

Calles adoquines de sangre, rótulos insultantes

con anuncios de muerte. El Palacio del Infierno.

Bienvenido a casa, disculpe el desorden. Estamos limpiando.

 

No te fijes en los cadáveres embaldosados

No mires a tu alrededor

No hagas preguntas estúpidas

Cuidado con el perro

con la pistola

con la placa

con la corbata

con la placa

con la placa.

 

No toques nada. No respondas, aunque sepas.

No preguntes lo que hay detrás.

Las puertas de dios están atadas con poleas:

no intentes acaso abrir las ventanas.

Camina lento, si es posible, sin avanzar.

Ya conoces el sistema, ¿no?

Yo sólo hago mi trabajo.

Lo siento.

Ellos estarán bien.

 

II

Huían las sombras

gritaban al horrísono

escapaban de sus cuerpos.

El día que nos arrancaron los ojos

¡cómo rió el sastre sin saber lo que hacía!

No alcanzaba la cinta para medir el talle de Catástrofe,

Catástrofe se hizo de ira.

Hasta que no hubo más sastres.

 

III

¿Dónde está el que preguntó por el tejedor?

¿Recuerdas esa película donde unas parcas tejían

el vestido de noche con el que la catástrofe

salía a tomar cócteles y vidas?

 

Cada noche, al saciar su sed,

su vestido se desvanecía.

 

Era Catástrofe, la actriz narciso enamorada

que se creía la luna

se presentaba desnuda y cruel

en el teatro noctámbulo, espectador

de ojos y sombrero tristes.

Catástrofe, cuyo vestido se desvanecía

cada noche al saciar su sed

hacía cada noche

el mismo papel.

 

Huían las sombras

gritaban

escapaban de sus cuerpos.

 

IV

Te dije que no voltearas.

Aquí todas las aves son buitres

todos los cuerpos carroña.

No hay un ave que cante

que no tome la verdad con sus patas negras

y la entinte de miedo.

 

Como verás no hay rejas

el paisaje es violáceo:

lo que tomas por plantas son sólo cuerpos arborescentes.

Hay una fuente muy cerca de las erupciones,

no te acerques.

No quieres que te arranquen la cara antes de tiempo

tómate el miedo necesario para quedarte donde estás.

¡Ay estas ánimas, a dónde van sin cayado, sin futuro y sin sombra!

 

V

Enciende sus velas el luto de Noche.

El aire huele a fruta fresca, a muerto que reverdece.

La fuente salpica de rabia.

Emergen mares de bocas hambrientas, traicionadas.

Se alista el ejército de constelaciones.

Orión prepara su flecha.

 

VI

De su boca nació Catástrofe,

escurrió de entre sus faldas hacia la espuma

y dejó que sus omóplatos se sumergieran

como cisnes.

 

Una noche, bajo las estrellas,

sintió sobre sí el ojo de Orión, apuntándole.

No era el fin ni el principio:

 

Érase otra vez.

 

Publicado originalmente en Kaja Negra

 

Coatlicue enferma

Buscan a tientas en su ya noche
el canto incantable
  el viento a sus espaldas
la nada que sopla y entreteje sus caminos.
Ya no es el otro, la piara
tiene la carne del pueblo masticando
         en su boca
bailan su muerte sueños ajados
escurren de sus comisuras negras
niños con la sombra del día a flor de piel
miradas perdidas que como imanes avanzan muertas
detrás
       muy detrás de los pies que las caminan
quizá porque tienen miedo
quizá porque adelante se ve gris
porque la noche ya no da estrellas
porque la mañana ya no da luz
porque ya ni el agua es pura.

Nocturno a Galatea

A tientas me visitaba una luz vestida de marfil,
venía de madrugadas lejanas, de tierras celestes
mi sueño era mar donde brillaba
su piel etérea que se endurecía a golpes de cincel

y luego
después de tanto tiempo
al trastocarla
    tras tocarla
su piel cedió a mis dedos hambrientos
su piel se dio al deseo de mis manos
mis labios le dieron besos
mis besos le dieron labios
sus labios me dieron vida.

Lloramos al sabernos vivos al fin,
al fin despiertos, al fin mortales.